El desarrollo de tu bebé
En esta semana, tu bebé mide 25 cm de la coronilla a la rabadilla y pesa unos 900 gramos. Su color es cada vez más rosado y tiene un aspecto menos arrugado. El lanugo también empezará a desaparecer, aunque permanecerá en algunas zonas después del parto. Los orificios de su nariz ya se han abierto y sus pulmones están desarrollando los alvéolos, aunque siguen llenos de líquido amniótico. Aparte de los pulmones, sus principales órganos están funcionando. El cerebro ha crecido bastante y los impulsos al cerebro cada vez viajan a más velocidad, por lo que está aprendiendo con más rapidez. A medida que aumenta su tamaño, tiene menos espacio en el útero para moverse. De todas maneras, seguirás notando muchas pataditas. Asimismo, notarás que sus movimientos son más lentos y deliberados cuando estira los brazos y piernas hacia el pecho para intentar encontrar una postura cómoda. En esta semana, los médicos intentarán ver en qué postura se encuentra.
El desarrollo del embarazo
Desde esta semana y hasta la semana 36 tendrás una consulta prenatal cada dos semanas con tu médico o tu matrona. Además de comprobar que tu bebé se desarrolla adecuadamente, también tendrás una buena oportunidad para plantear tus preguntas y exponer tu creciente lista de molestias prenatales. Tu enorme barriga supone un gran peso para ti y te está ocasionando dolores de espalda, molestias al dormir, una frecuente necesidad de ir al baño e incluso dificultades para salir de la bañera o levantarte de un sillón bajo. A medida que los músculos y ligamentos se estiran para sujetar tu creciente útero, posiblemente sentirás pinchazos en el costado. Esto es debido a que el útero pinza los nervios, lo que puede restringir la circulación de las piernas y provocar calambres. Y justo cuando podías hacer todo sin problema, notarás que empiezas a ser cada vez más patosa y olvidadiza. Una vez más debes agradecérselo a tus hormonas.
Recomendaciones y otras circunstancias
Durante el embarazo, conocerás las distintas facetas del dolor. Puede ser sordo y continuo, agudo o fugaz y estar localizado en la espalda o transversalmente. Este dolor puede estar ocasionado por la hormona relaxina, que provoca el debilitamiento y el estiramiento de los músculos. Y durante la segunda mitad del embarazo, la ganancia de peso y los cambios del centro de equilibrio pueden provocar tensión en tus músculos. La mayoría de los dolores de espalda se pueden aliviar y prevenir con una postura adecuada. Asimismo, resulta esencial mantener una buena alineación de la espalda. Al final del embarazo, el peso de tu bebé y tu barriga tirarán de ti hacia delante y tú te intentarás inclinar hacia atrás para compensarlo, sin que te des cuenta de que lo estás haciendo. Siempre que tengas oportunidad, comprueba tu postura frente al espejo. Estira la espalda y pon la espina dorsal recta, desde el cuello hasta la rabadilla. Prueba a estirar la espalda hacia arriba, como si te sujetaran la cabeza y tiraran de ti hacia arriba mientras te sujetan los hombros en la misma posición. A continuación, mete los glúteos, relaja y vuelve a la posición de tus hombros, después mete los músculos del abdomen de modo que soporten el peso de tu bebé.
Consejos prácticos para el dolor de espalda
Para aliviar el dolor de espalda no debes tumbarte. Existen algunas medidas prácticas que puedes adoptar para fortalecer los músculos de la espalda y reducir tus molestias:
Yoga. El yoga prenatal es una buena forma de aprender a desplazarse con la alineación adecuada. Busca un buen profesor por tu zona con experiencia en enseñanza a embarazadas.
Buena postura al sentarse. Intenta sentarte con la alineación adecuada, especialmente si trabajas todo el día sentada. Llévate un cojín pequeño y duro para recostarte en él e intenta tener los pies en alto con un reposapiés para evitar que se te hinchen los tobillos.
Trabajo informático cómodo. Si trabajas en una oficina, asegúrate de que tu pantalla de ordenador se encuentre al mismo nivel que tu línea de visión y que se refleja tu cara con un ángulo directo y natural, de modo que no tengas que inclinarte hacia delante ni forzar la espalda.
Respaldo para conducir. Si pasas mucho tiempo al volante, puedes adquirir un respaldo “masajeador” (fabricado con cuentas), de modo que te vaya masajeando continuamente.
Zapatos adecuados. Asegúrate de que los zapatos son de tu talla y te sujetan bien el arco. Los tacones altos pueden aumentar la presión ejercida sobre tus rodillas y articulaciones, además de aumentar las posibilidades de que te caigas.
Levanta pesos correctamente. Intenta evitar levantar o llevar objetos pesados para prevenir daños en los ligamentos. Si debes levantar algo, flexiona las rodillas y mantén la espalda lo más recta posible.
Estirarse como un gato. Elimina cualquier tensión con ejercicios de estiramientos y, en particular, con la postura del gato, es decir, a cuatro patas y arqueando la espalda hacia fuera y hacia dentro. También puedes intentar estirar la espalda presionándola contra la pared como si te sentaras en una silla imaginaria.
Ejercicios con pelotas hinchables. Cuando llegues a casa, siéntate en una pelota hinchable en vez de tirarte en el sofá para ver la televisión. De esta manera, liberarás cualquier tensión acumulada en la espalda y la pelvis además de aumentar la flexibilidad de los ligamentos de la cadera.
Terapia acuática. La natación es un buen ejercicio para eliminar tensiones de la espina dorsal y los ligamentos. Asimismo, puede aumentar tu flexibilidad y fortalecer tus músculos de cara al parto.
Baño relajante. Después de un largo día de trabajo, quizás lo que te pida tu espalda es un baño calentito. Sin embargo, durante el primer trimestre debes evitar echar el agua excesivamente caliente.
Buena postura para dormir. Si duermes de costado, apoya la pierna superior sobre almohadas, de modo que los huesos de la cadera y la rodilla estén al mismo nivel. Descansa la curva del cuello sobre una almohada dura.
Masajes. Los masajes prenatales ofrecen un gran alivio. Pide referencias a tu matrona o a tu monitora prenatal, o bien a tus amigas y colegas.
Soporte especial del vientre. Existen fajas especiales para sujetar la barriga y redistribuir la presión en zonas específicas de tu espalda. Asegúrate de comprar una que esté específicamente diseñada para el embarazo y no para reducir tallas.
