Cómo buscar una buena guardería en la que tu hijo sea feliz

Si conoces las necesidades de tu bebé, podrás encontrar una guardería que las satisfaga.

La mayoría de las mamás trabajadoras se enfrentan al reto de encontrar la guardería adecuada y sentirse bien con su elección. Y es más, según las últimas investigaciones, las guarderías de alta calidad pueden ayudar al desarrollo del niño al infundarle confianza y conformar sus destrezas sociales, que constituirán la base de un rendimiento satisfactorio en el colegio. Tómate tu tiempo ahora para encontrar el mejor centro para tu hijo, basándote en sus principales necesidades, y así te reincorporarás al trabajo sintiéndote totalmente segura de que todo irá bien cuando le dejes allí.

  • Tu hijo necesita alguien que le quiera, le mime y le alimente, alguien que realmente terminará conociendo con el contacto diario y alguien que tenga un amor innato por los bebés. Puedes optar por una guardería, una niñera o algún familiar o conocido. Lo más importante es tener tiempo para hablar con la persona que pasa la mayor parte del tiempo con tu pequeño y sentirte a gusto con la forma en que se comunica con él y con los demás niños que están a su cargo (en las guarderías y los centros de educación infantil habrá un equipo, pero debería de haber una educadora asignada a tu hijo). Pídele sus cualificaciones y pregúntale qué le gusta del trabajo. Si notas que realmente está a gusto con lo que hace, entonces has encontrado a la persona idónea.
  • Tu hijo necesita estar en un entorno agradable, con objetos que le estimulen, pero también con un lugar cómodo y tranquilo para dormir. Averigua cómo se puede adaptar el centro o la casa en que se encuentre cuando ya sepa caminar y hablar, y esté listo para un tipo de acción diferente.
  • Tu hijo necesita estar realmente seguro y tú debes tener la total confianza de que es así. Pregunta todo lo que se te pase por la cabeza, desde la cantidad de niños que hay por educadora hasta las medidas de seguridad, como los protectores de las escaleras, las pantallas protectoras de la cocina o la chimenea y las vallas del jardín. Los juguetes y las zonas de juegos deberían ser atractivas, además de ser adecuadas para la edad de tu bebé y su etapa de desarrollo, de modo que pueda explorar el mundo con total seguridad. Pregunta a su educadora si tiene conocimientos de primeros auxilios y mantenla al día de las últimas destrezas que adquiera tu hijo, como rodar, ponerse de pie o salirse de la cuna.
  • Tu hijo necesita que revises su sillita de seguridad adecuadamente antes de aventurarse a salir de excursión. La persona que cuide a tu hijo debería tener tus teléfonos de contacto, saber las medicinas que está tomando y conocer cualquier alergia que pudiera tener.
  • Tu hijo necesita sentir que estás a gusto con tu elección de guardería o niñera y que esta elección es acorde a la vida doméstica. Si prefieres tener un informe completo de lo que hace tu hijo (qué come, cuándo duerme, qué hace), entonces opta por dejarle el niño a algún familiar o conocido, o bien contrata a una niñera. En cambio, si prefieres que tu hijo tenga una rutina fija, esté con más niños y se encuentre en un mismo lugar todo el día, lo mejor es que optes por una guardería o un centro de educación infantil. Sea cual sea tu elección, saca tiempo para hablar con la persona que se ocupe de tu hijo y descríbele adecuadamente la línea educativa que estáis siguiendo en casa y lo que esperáis de ella.
  • Tu hijo necesita ver a la misma gente de manera regular. Los bebés crecen adecuadamente en un marco de continuidad (quieren acurrucarse en los mismos brazos y sonreír a los mismos compañeros), ya que esto les infunde tranquilidad y seguridad. Por eso, merece la pena invertir tiempo en encontrar el centro o la persona que se ocupará de tu hijo, en vez de hacer una rápida elección y volver a buscar a alguien más adecuado a los pocos meses. Por supuesto, los días que pase en la guardería o con la niñera no tendrán nada que ver con los días que pase contigo, así que debes mantener un buen flujo de comunicación con el fin de que la persona que se ocupe de tu hijo siga la misma línea que tú en lo que respecta a su alimentación, a enseñarle a ir al baño solito y a su disciplina.

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