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Eres tú la que debe decidir si tu bebé está enfermo y si se trata de algo serio. A veces, te preocuparás cuando no existe apenas nada de qué preocuparse, pero eso forma parte del hecho de ser padres. A medida que tu bebé crezca te irás tranquilizando cada vez más. Cuando ya saben expresarse, al menos pueden decir o señalar dónde les duele.
La mayoría de los niños pasan días difíciles en los que lloran o gimen, y parecen cansados y alterados. En realidad, el hecho de que tu hijo llore no es mala señal, ya que los niños, cuando están realmente enfermos, están somnolientos y alicaídos. No obstante, las enfermedades graves que revisten peligro de muerte son verdaderamente raras en los niños pequeños.
Consulta a tu médico si tu hijo:
- está alicaído o apático, o bien se pasa todo el tiempo durmiendo;
- se ha pasado más de una hora vomitando sin parar;
- tiene diarrea y no ha remitido en un intervalo de 24 horas;
- tiene un sarpullido que no puedes explicar;
- no tiene deposiciones ni orina en el pañal;
- tiene deposiciones con un color o una textura inusuales para él (algunas veces, las deposiciones verdes no indican ninguna anomalía, ya que hay algunas leches de farmacia que provocan que las deposiciones tengan este color);
- parece que tiene fiebre y está demasiado caliente;
- le duelen o le sangran inexplicablemente los oídos, la boca, la nariz o el ano, o bien presenta sangre en las deposiciones o la orina.
Acude inmediatamente al hospital si tu hijo:
- tiene convulsiones (no sólo presenta sacudidas, sino que pone los ojos en blanco y no responde cuando le hablas o le miras);
- tiene dificultad para respirar;
- ha perdido la consciencia;
- tiene los labios o la cara morados;
- tiene síntomas de meningitis
- tiene deposiciones gelatinosas, con sangre o rojizas;
presenta un dolor obvio.
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