|
Cuando tu pequeño cumpla su primer año, se abrirá un mundo nuevo ante él... y también ante ti. Tu bebé se convertirá, de repente y como por arte de magia, en una personita lista para explorar el mundo. Y, lo mejor de todo, es que querrá que le acompañes en su paseo.
Ahora es el momento de ir a nadar, pasear en barca, preparar un picnic y marcharse al campo, ir a visitar a los amigos que hace tiempo que no ves y hacer todo lo que te gustaba hacer cuando tenías tiempo libre, antes de que llegara el bebé.
Pero seamos sinceros. Cuando miras a tu angelito mientras destroza tu precioso salón con los intentos de su último juego, explorar el mundo juntos no parece que sea la forma más sencilla o tranquila de pasar tu tiempo libre o una tarde lluviosa de sábado. Es más o menos en este punto cuando los padres tienden a escuchar una vocecita en su interior, algo agotada, que les dice que vean tranquilamente un vídeo después del desayuno o que no se alejen más allá del tobogán del jardín.
¿Lista para salir?
Durante el segundo año, el comportamiento del niño (dulce, bueno, malo y desagradable) empieza a convertirse en uno de los grandes retos para los padres. La transición de bebé a niño puede ser confusa para los niños, pero para los padres puede llegar a ser positivamente alucinante. Por la noche, tu bebé con cara de angelito puede llegar a camelarte con sus sonrisas. Pero sus caídas graciosas en el parque se convierten en un gran reto cuando se deja caer firmemente en medio del camino y se niega a moverse. Incluso vestirse para salir a dar una vuelta puede convertirse en una batalla.
Cada niño es, en muchos sentidos, un cúmulo de contradicciones; obstinado, terco y totalmente irritante, pero con tanta vida, amor y curiosidad por el mundo, que te encuentras a ti misma cambiando radicalmente en medio de toda exasperación y deseando capturar cada momento mágico. Y aunque esto es suficiente para volver majareta a cualquier padre, la mejor forma de manejar la situación es tratar de entender lo que está pasando en lugar de sentirte abrumada por tus propias frustraciones. Y entonces... ¡sorpresa! Todo un mundo de posibilidades se abrirá ante vosotros.
Así que no empieces a recortar tus actividades porque él se pueda enrabietar. Con un poco de planificación anticipada y determinación para soportar las frustraciones, te asombrarás de cuánto podéis llegar a divertiros juntos.
Sé realista, ve preparada
Realizad actividades y salidas sencillas y no intentes hacer demasiado. A los niños pequeños les encanta jugar con energía y un poco de brusquedad, y ahora que puede caminar, correr, trepar y explorar él solito, le fascinarán hasta las actividades más simples. Tirar piedrecitas o palitos al río le hará feliz durante mucho tiempo; y montar en tren o en la parte superior de un autobús descubierto de dos plantas le dejará boquiabierto y emocionado.
Facilítate las cosas planeando todo por adelantado. Necesitarás muchas provisiones (comida, bebida, mudas, etc.) y prepárate para el frío y la lluvia con las botas de agua, un chubasquero y un jersey calentito. Ahora ya puedes ir a cualquier parte: a la playa, al bosque o al parque de la esquina.
Llévate su juguete favorito y algún libro para distraerse en el coche o durante una parada.
Si sigue echándose la siesta, hazla coincidir con tu viaje de ida o de vuelta: no esperes que vaya a estar corriendo de un lado a otro pasándoselo en grande si está agotado. Programa paradas para comer o picar algo y lleva siempre provisiones de bebidas y alimentos energéticos, como plátanos o pasas. Los niños pequeños todavía tienen el estómago reducido y retrasar la comida, aunque sea sólo media hora, puede ponerles un poco gruñones.
Pásatelo bien
El truco es planear actividades que te permitan hacer cosas que te gusten, pero que a él también puedan interesarle y le diviertan. Si tú estás contenta, él también lo estará, y viceversa. Es un buen momento para recuperar alguno de tus pasatiempos favoritos y adaptarlo a vosotros dos; por ejemplo, ir en bici por el campo, pasear por algún parque o pasar un rato en la piscina del barrio.
No será tan fácil de llevar como cuando era un bebé, pero es el explorador más entusiasta con el que jamás hayas salido de aventura.
|