Tu bebé

Tu pequeño está creciendo y se está poniendo cada vez más fuerte. A los dos meses, puede levantar la cabecita y deslizarse sobre la tripita. A los tres meses, ya puede mantener la cabeza erguida y sentarse con ayuda.

A medida que se fortalecen sus músculos, empieza a mover las manitas y dar golpecitos cuando está animado. Asimismo, notarás que estos movimientos son cada vez más controlados y no unos simples actos reflejos. Aunque muchos movimientos siguen sin estar bajo control, a partir de los dos meses, puede empezar a golpear objetos.

La vista de tu bebé va mejorando con el tiempo y es posible que tu cara sea uno de sus estímulos visuales preferidos. Es posible que notes que te mira fijamente y empieza a seguirte con los ojos cuando te mueves. En torno a los dos meses, tu bebé te recompensará con su maravillosa primera sonrisa.

En principio, tu bebé está acostumbrándose a las rutinas del sueño cada 3-4 horas, entre comidas. Sin embargo, salvo que tengas suerte, las tomas nocturnas siguen estando presentes...

Tus progresos

Aunque te hayas recuperado del parto, es posible que tengas otras tensiones provocadas por la maternidad y que tardes más en superar. Por una parte estás siempre acompañada, pero por otra, puedes sentirte bastante aislada. Es posible que no te entusiasme la idea de quedarte en casa con tu bebé, y más ahora, que sientes que las tareas domésticas te ahogan.

Los continuos cambios de pañal, las tomas y el sueño (o la falta de ello) pueden empezar a ser verdaderamente agotadores. Incluso salir de casa es toda una aventura. Y si no estás acostumbrada a organizar tu rutina, es posible que te resulte más difícil controlar y programar las rutinas de tu bebé.

Si hasta ahora has llevado un estilo de vida libre y sencillo, a veces sentirás que la repentina y novedosa responsabilidad de cuidar de tu bebé es totalmente agotadora. Pero poco a poco te irá resultando más fácil, pasito a pasito. Y un buen día mirarás atrás con nostalgia a aquellos primeros días especiales. Bueno, ¡es posible!

Cosas en que pensar o que probar

La música es una buena forma de interactuar con tu bebé. Al cantar y acunar a tu bebé le haces sentirse seguro, afianzas el vínculo afectivo y además fomentas su estimulación, física, mental y emocionalmente.

Sentir el ritmo les ayuda a aprender a organizar su cuerpo, a equilibrar y controlar sus músculos. Incluso, puede ayudarles a desarrollar el lenguaje y la lógica.

Por supuesto, no tienes que ser una diva para disfrutar de la música con tu bebé. Puedes poner un CD y bailar juntos, compartir canciones infantiles y juegos con los dedos, o sólo cantar como cantas habitualmente. A la hora de dormir, puedes entonar una nana para que se duerma plácidamente.


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