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David Elliman, redactor del BMJ y consultor local especializado en pediatría, y Helen Bedford, del Institute of Child Health, declaran que los médicos que vinculaban la vacuna con el autismo y la inflamación de los intestinos habían pasado por alto las pruebas de seguridad y habían cometido varios errores en su investigación.
Asimismo, criticaron a los médicos de familia y demás personal sanitario por no leer las hojas de datos publicadas sobre la vacuna ni la propia información del Ministerio de Sanidad. “Si los profesionales que asesoran a los padres no utilizan información actualizada, no es sorprendente que algunos padres estén confusos y nerviosos.”
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