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Estás pletórica y llena de amor, pero también sigues en camisón a las doce de la mañana, estás ojerosa y no puedes encontrar ni una taza limpia en la cocina.
¡Bienvenida a la maternidad!
A medida que se marchitan los ramos de flores, empieza a aparecer la realidad de lo que implica el cuidado de tu bebé y puede parecer agotadora. Después de todo, apenas acabas de aterrizar y a empezar a hacer un importante y exigente trabajo (y todo ello sin formación previa). Además de tener en la cuna una personita totalmente dependiente de ti, estás haciendo todo esto con tres horas de sueño y un cuerpo hormonalmente revolucionado.
Todo esto te cambia la vida por completo… pero no temas, todas las mamás primerizas comparten estas emociones. Durante unos meses, te abstraerás del mundo intentando conocer a la personita más preciosa que has visto en tu vida. Aunque es posible que no lo veas así cuando te estés volviendo loca con sus lloros o apenas puedas dormir, cuando descubras que la nevera está totalmente vacía y estés hambrienta. Pero si eres capaz de seguir adelante de la forma que crees que debes hacerlo y rechazas la lista de expectativas preconcebidas que todo el mundo espera de ti, entonces te sentirás como nueva. Relájate, quítate el reloj, piensa de modo flexible y te habrás liberado, no sólo para hacerte cargo de tu hijo, sino también para disfrutar de sus primeros días.
No existe ningún manual de instrucciones para las mamás primerizas. Pero seguro que el trabajo te queda que ni pintado. Eso sí, no olvides tener en cuenta los siguientes cinco consejos cruciales para asegurarte de disfrutar de tu nuevo trabajo por completo.
1. Debes darte cuenta de que los recién nacidos no atienden a horarios ni rutinas. Debes asumir que vas a estar de guardia permanentemente y cuanto antes lo aceptes y adaptes tus rutinas a sus necesidades, más sencillo te parecerá todo.
Hasta los seis meses, seguramente no adquiera ningún tipo de patrón de sueño o alimentación.
2. No te aferres al mito de la “mamá perfecta”. Deja de mirar por encima del hombro y de ponerte nerviosa porque pienses que lo haces todo mal. Seguramente te lleve tiempo adaptarte a las necesidades de tu bebé, pero te sorprenderás de lo pronto que tomarás las riendas.
3. No te fuerces. Ser mamá es agotador durante los tres primeros meses. Tu bebé está adaptándose al nuevo mundo exterior, fuera del útero, aprendiendo, cambiando y desarrollándose mucho más rápido que en cualquier momento de su vida.
A medida que se acomode y os vayáis conociendo, será mucho más sencillo. Además, empezarás a entender lo que significan los distintos lloros y qué es lo que le reconforta.
4. Da prioridad a tu tiempo por encima de todo. Haz un listado de tareas necesarias y otro de tareas que pueden esperar. Ha llegado el momento de darle la espalda a la colada y a la pila de ropa por planchar, de decirle firmemente a tu pareja que no vas a ir a casa de su tía a enseñarle el bebé y de dejar de reñirte por no haber llamado a los compañeros del trabajo. Si tienes tiempo libre, haz lo que desees (lávate el pelo, maquíllate y siéntete persona).
5. No pienses que siempre tienes que justificar todo lo que haces y la forma en que lo haces ante todo el mundo, a pesar de su buena intención. Esto incluye a tu pareja, tu familia y tus mejores amigos, aún cuando parezcan sorprendidos de que tengas la casa manga por hombro. No tienes que excusarte. Sencillamente tienes cosas mejores que hacer, como cuidar de tu encantador pequeñín, acurrucado en tus brazos.
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